¿Pueden los virus salvarnos de las superbacterias? La terapia con fagos contra la resistencia a los antibióticos
Ante el creciente problema de las bacterias resistentes a los antibióticos, los científicos están recuperando una antigua idea: utilizar virus que atacan específicamente a las bacterias. Esta estrategia, conocida como terapia con bacteriófagos o fagos, podría ofrecer una nueva arma en la lucha contra las infecciones que ya no responden a los medicamentos convencionales.
Los bacteriófagos, o simplemente fagos, son virus que infectan y destruyen bacterias. Fueron descubiertos hace más de un siglo y se utilizaron de forma experimental para tratar infecciones antes de la era de los antibióticos. Con el triunfo de estos fármacos en la década de 1940, la terapia fágica quedó en segundo plano. Sin embargo, el aumento alarmante de la resistencia antimicrobiana ha impulsado su regreso.
Más del 70 % de las infecciones hospitalarias en varios países son causadas por bacterias resistentes a al menos un antibiótico. Patógenos como Acinetobacter, Pseudomonas, Escherichia coli y Klebsiella representan una amenaza creciente a nivel mundial. Ante esta crisis, los investigadores no solo buscan que los fagos maten directamente a las bacterias, sino que las obliguen a un “dilema evolutivo”.
La estrategia, llamada “control de fagos” o “fagos directores”, se basa en un principio ingenioso. Algunas bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos mediante “bombas de eflujo” en su membrana, que expulsan el medicamento antes de que haga efecto. Resulta que ciertos fagos utilizan precisamente estas mismas bombas para invadir la célula bacteriana.
Si la bacteria muta para bloquear al fago, pierde su capacidad de expulsar antibióticos y vuelve a ser vulnerable a ellos. Si mantiene las bombas activas para seguir resistiendo los antibióticos, el fago puede entrar y destruirla. De esta forma, las bacterias quedan atrapadas: no pueden defenderse simultáneamente de ambos ataques.
Experimentos de laboratorio han demostrado que esta aproximación funciona en bacterias como Pseudomonas aeruginosa y Acinetobacter baumannii. En algunos casos, las bacterias que desarrollaron resistencia al fago se volvieron nuevamente sensibles a antibióticos a los que antes resistían por completo. Otros estudios han mostrado que ciertos fagos debilitan la capa externa o las biopelículas de las bacterias, facilitando la acción de los antibióticos.
En la práctica clínica, equipos como el de la Universidad de Yale ya han aplicado esta terapia en decenas de pacientes con infecciones difíciles, con resultados prometedores, especialmente en infecciones no respiratorias. Sin embargo, los científicos reconocen que aún quedan desafíos importantes: los fagos son muy específicos, por lo que debe encontrarse el virus adecuado para cada cepa bacteriana. Además, su uso debe controlarse cuidadosamente para evitar efectos secundarios como respuestas inflamatorias intensas.
Aunque la terapia con fagos no es una solución mágica ni reemplaza completamente a los antibióticos, representa una herramienta valiosa y complementaria. En un mundo donde la resistencia antimicrobiana avanza rápidamente, combinar fagos con antibióticos podría abrir una nueva vía para recuperar terreno en la lucha contra las infecciones.
Artículo elaborado por Débora Pérez
Revista Quetzalcóatl, para el Centro de Investigaciones en Antropología Cultural Quetzalcóatl